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Acceso

No tenía miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino. Escoger un camino significaba abandonar otros. Paulo Coelho (1947-?) Escritor brasileño.

A Don Benito, ciudad de la provincia de Badajoz enclavada en una fértil llanura, regada por el río Guadiana, llegaron la Madre Matilde y Sor María Briz –su primera compañera- en una postulación que habían emprendido por la Diócesis de Plasencia, a la cual pertenece dicha ciudad. Es que, después de vestir el hábito religioso, el Sr. Obispo D. Pedro Casas y Souto les había dicho: “Id, pues, por la Diócesis y donde se os abra la puerta, entrad y allí podéis fundar el Noviciado”

Y Dios quiso que la puerta se les abriese en esta cuidad de Don Benito. En efecto: dos hermanos, Dña. María y D. Diego Alguacil Carrasco, deseosos de hacer una fundación, le ofrecen a la M. Matilde una casa amplia, desmantelada, pero a la vez el dinero necesario para repararla y acondicionarla a convento. La Madre, una vez obtenida la autorización del Sr. Obispo, acepta llena de reconocimiento y gratitud hacia esos dos generosos bienhechores de la Congregación. Hace las restantes gestiones pertinentes, y… pasado un tiempo, el 19 de marzo de 1879, se establece con sus Hijas de religión en esta ciudad.

La pequeña Comunidad, en seguida prosigue en su nueva estancia, el mismo género de vida iniciado en la casita “Nazaret” de Béjar unos años antes por la M. Matilde y Sor María, en un intento de seguir más de cerca de Cristo. Vida de amor ante todo; vida de recogimiento y oración, guardando una estricta pobreza, en castidad y obediencia a la vez.

Acuciadas por su vivo amor a Dios, por su afán de ganarle corazones, se entregan también con ejemplar solicitud y abnegación al servicio de los hermanos. Ya tienen en su casa un grupo de niñas huérfanas a las que cuidan y educan con amor; extienden sus desvelos hacia los enfermos, sobre todo hacia los más pobres a los que atienden día y noche con verdadera entrega en sus humildes hogares. Comparten con ellos, aún a pesar de su pobreza, y con todos los que se acercan a sus puertas pidiendo ayuda, alimentos y ropa confeccionada con sus manos primorosas para los pobres. A diario marchan al Pradillo a dar clase en una escuela que han abierto allí para las niñas de ese humilde barrio. 

Aunque, como en toda obra de Dios, no escasean las pruebas, las incomprensiones, la ciudad va conociendo y estimando a las Hijas de la Madre Matilde, La Comunidad se aumenta con las jóvenes que se les unen atraídas por su testimonio. 

Comienzan a pedirle fundaciones a la Madre Matilde, y de esa primera Casa Central y Noviciado de la Congregación, van saliendo grupos de animosas religiosas para distintas ciudades, dispuestas a conjugar su vida de recogimiento y oración con las actividades propias del Instituto.

Ha pasado ya más de un siglo desde que la Beata Matilde y sus religiosas se establecieron y comenzaron sus actividades apostólicas en Don Benito. Su obra en esta cuidad, lejos de decaer con el tiempo, permanece aún pujante, llena de vida. Sus Hijas siguen atendiendo hoy con la misma abnegación, con el mismo amor, a todos los enfermos que en crecido número pasan por el Hospital fundado por ellas.

Asimismo, el Colegio, fundado para dar respuesta educativa a niñas huérfanas, actualmente atiende en régimen de internado a éstas y a niñas de familias desestructuradas o de otros ambientes marginales. También asisten al centro varios centenares de alumnas/os externas/os de la ciudad en el que reciben una sólida educación.

Los enfermos, las niñas… Cuánto amó a unos y a otros la Madre Matilde.